miércoles 5 de noviembre de 2008

Que existan nuestros problemas para la esfera pública depende de cómo los definimos y comunicamos

Si no existe una definición social del problema, el problema no existe en términos públicos. Un problema que carece de fuerza o legitimidad social, poder social no puede convertirse en un tema de todos. Así, resulta valido distinguir entre un problema individual y un problema público, éste último requiere como condición ser un conocimiento social, compartido, tener valor colectivo. Para eso hay que coincidir en la definición de “la cosa”, pero lo tiene que hacer una fuerza política que logre instalar ciertos consensos entorno a una cuestión pública y definirla como tal, y no como un asunto privado. Se alcanza una definición colectiva, cuando coincidimos no de una vez y para siempre, sino cuando dicha definición está tamizada y permeada por intereses, por conflictos, por antagonismos.

La definición de los problemas públicos solo pueden ser construida a través de la palabra. Las definiciones sociales y políticas siempre son comunicacionales, por eso los medios de comunicación, también tienen mucha importancia en la forma en la que se construyen los problemas. Lo deliberativo cobra importancia porque al deliberar, al comunicarnos podemos construir de manera conciente definiciones compartidas de los problemas. La forma en que definimos los problemas es comunicacional. Además, creemos que a través de la deliberación podemos hacer mejores definiciones de los problemas y sobre todo definiciones más democráticas de los problemas.

Las cuestiones objetivas de los problemas no pueden convertirse en públicas en la medida en que no sea una cuestión socialmente problematizada, y para ello debemos comunicar, hacer que existan, poner en evidencia los problemas y definirlos como tales. De esa manera es más factible que el Estado se haga cargo de eso, ya que generalmente al Estado le resulta mas fácil hacerse cargo de la cuestiones que están en la agenda social que aquellas de las que ni se habla. En este sentido, cabe aclarar, la agenda pública es lo que hoy la ciudadanía reclama, plantea, problematiza, en cambio la agenda estatal es aquella que incorpora los temas públicos en la acción del Estado. También, la agenda estatal a diferencia de la agenda de gobierno es la suma de toma de posiciones de sucesivos gobiernos, de manera permanente, que se institucionalice una temática en el Estado. Un tema que se incorpore en la agenda del gobierno y se mantenga en la agenda de éste va a depender mucho del sostén social que ese tema tenga. Si un tema tiene consenso social, lo más probable es que se mantenga en la agenda del Estado.